El carnaval de San Vicente te hace cosquillas en la piel…

Los carnavales en barrio San Vicente se remontan a 1895, producto de la iniciativa emprendedora de Victorio Scalabrini, quien juzgó necesario organizar “un carnaval para obreros”.
Esto suponía para este pueblo joven entrar en competencia con el centro histórico de la ciudad por la primacía del espacio dominante de prácticas festivas.
Al iniciarse la década del 20 esta fiesta comienza a ser apropiada por los sectores populares, quienes se convierten en su elemento protagónico. Con el transcurrir de los años, el estado municipal irá acrecentando su intervencionismo a través de la regulación de la participación de los ciudadanos: delimitación de los espacios para los corsos, los premios otorgados, los permisos para participar, etc.
Los corsos en el centro se hacían en la entonces llamada Av. Ancha, hoy General Paz y desde 27 de abril se subía hasta la Plaza de Armas, hoy Vélez Sársfield. En tanto que en barrio San Vicente se recorría desde la plaza Lavalle a la Urquiza, por Pellegrini y de allí se volvía. Los autos daban dos vueltas y se acababa el corso.
“el gobierno hacia el corso oficial en el Avenida Ancha, que le llamaban a la General Paz. Pero la gente se venía toda a San Vicente, era más fresco, más familiar, más emotivo y mucho más alegre. Venían de todos los barrios, no solo de San Vicente
El corso de San Vicente, el prestigio traspuso los límites de la provincia y hasta internacionalmente”
 (Luis Carreño).

Esta mirada se complementa con la que nos brindan los testimonios de vecinos de los barrios de Alta Córdoba y General Paz.

“Acá, en Alta Córdoba, los corsos de los carnavales eran maravillosos. Allá por el año 37, 38, 39 se iniciaban en esta esquina de Rodríguez Peña y Jerónimo Luis de Cabrera y llegaban hasta Jerónimo Luis de Cabrera y Esquiú…Era maravilloso ver todos los palcos de madera que había, donde ahí alquilaban las familias tradicionales de Alta Córdoba porque no había quien no quisiera alquilar un palco y de ahí veíamos entonces las hermosas damas, todas en el palco disfrazadas de fantasía o de algo y se usaba el papel picado, la serpentina y la agua florida o lanzaperfume.
…Eran unos corsos con una moral, familiar, hermosos y divertidos.”
 (Jorge Felippa).

“En el centro había los palcos donde estaban la gente rica, en el palco estaba la gente de alta categoría. Nosotros íbamos caminando, en San Vicente todos caminaban…Al centro estaban las copetudas pero después cuando vino la Eva les bajo un poco el copete.¡La gente que había! No se podía caminar, todo con serpentinas, papel picado, bueno, todo eso, uno se divertía sanamente”. (Filomena Truquia).
Para algunos autores el carnaval es un rito de desorden, que se opone a los demás rituales de orden. Es un desorden organizado. Como ritual se dispersa a través de un sistema de signos, música, canto, baile, mito, lenguaje, comida, vestimenta, expresión corporal.
En el recuerdo de los talleristas está la nostalgia de una fiesta vivida como una instancia liberadora, una válvula de escape.

Pregunta: ¿Por qué iban al carnaval?

Luis Carreño: “El carnaval para mí es una terapia que tiene el pueblo. Es lo más económico que puede tener un pueblo”.

Félix Almada: “… largas todo lo lindo que tenés adentro”.

Desirée D’Amico: “a mi me fascinaba, era lo que más esperaba en el año. Además es lindo que uno puede cambiar la rutina de decir: puedo disfrazarme y soñar” .

Taller de Historia Oral Barrial de Barrio San Vicente. Año 2004.

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